Donde la palabra vale

Reportaje a Julio Gonzalez de Pastas Orali

El don de gente y el agradecimiento fueron valores con los que se gestó una empresa líder argentina: Pastas Orali, la primera  de Latinoamérica en desarrollar y exportar una línea completa de pastas frescas orgánicas certificadas, también es la principal proveedora de tapas de empanadas, para los restaurantes argentinos en el extranjero.

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Pastas Orali fue galardonada recientemente en Paris con el “QC100, Gestión de la Calidad Total”, valioso y relevante galardón en el mundo de los negocios, por su calidad, satisfacción al cliente, recursos humanos, responsabilidad social empresaria y cuidado del medio ambiente.

“Los empresarios tenemos una gran responsabilidad y el Compromiso Social  es un aporte fundamental en este sentido. El amor al prójimo y la rentabilidad no deben ser enemigas. Con creatividad y apertura mental todo es posible. Solo hay que descubrir que a largo plazo es muy buen negocio ser buena persona”. Fueron las palabras con las que Julio González, uno de los socios de Pastas Orali, recibió el premio que dedicó a su padre, fundador de la empresa.

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Don Julio González, padre, comenzó hace 43 años distribuyendo alimentos en su auto particular, hasta que compró una panadería para la elaboración propia de tapas de empanadas y pastas. En 1985 un infarto interrumpió la vida de Don Julio, y su hijo debió continuar, sin haberse preparado para ello, afrontando las penurias propias de una pyme en una economía con turbulencias: descubiertos en el banco, conflictos con el personal, clientes que presionan por descuentos, y hasta accidentes de trabajo.

Julio Gonzáles, hijo, había estudiado sociología y su elección de vida nada tenía que ver con la formación empresaria. Su ocupación era escribir guiones de humor para televisión. Tenía 25 años cuando murió su padre y el rumbo de su vida cambió rotundamente. Debió asumir la dirección de la empresa y sacarla adelante. Decidió estudiar sobre ello, y luego se paró frente a sus empleados y, superando el temblor de sus piernas ante la responsabilidad de las familias de cada uno de ellos, les habló franco y los trató como pares. Les pidió que lo respaldaran y se comprometió a que las mejoras obtenidas serían para todos. De ahí en más, comenzó a consolidarse una cultura de respeto mutuo donde todos se integraron para  trabajar creando la nueva imagen de Pastas Orali, que ahora también contaba con la sociedad de dos primos, que Julio González decidió incluir para no repetir el trabajo solitario que había llevado su padre.

Mapo Informa estuvo en su planta de Ciudadela, en el partido de Tres de Febrero, para felicitarlo por el premio, y le pidió compartir con los lectores visiones que lo llevaron a los éxitos presentes.

– Del Master de dirección de empresas que cursé en 1992, rescaté el criterio de segmentación –explica González-. Podes ser nadie en muchos lugares o líder en un segmento chiquito. Nosotros abastecíamos a muchos mayoristas dispersos de quesos y fiambres, pero al hacer un análisis de situación, contemplé que en la ruta 3, donde atendíamos a 4 o 5 mayoristas, había 15. Así que me propuse ser líder ahí y  nos focalizamos para promocionar nuestra marca. Cambiamos el packaging y fuimos los primeros en hacer degustaciones en los mayoristas para los almaceneros que son sus clientes. Así  logramos el liderazgo en la zona Oeste, luego seguimos por la zona Sur y todo el gran Buenos Aires hasta convertirnos en líderes nacionales de mayoristas. Somos una empresa familiar nacional con el 99% de productos con marca propia, que defiende su imagen y la condición de venta.

– ¿Cómo lograron defender la imagen y el precio?

– Con una venta atomizada, donde un solo cliente no tiene que ser más del 20% de la facturación. Porque sino el precio justo que buscamos continuamente implementar y mantener, termina siendo una utopía, porque no se puede defender. Antes nos pedían precio, ahora muchos buscan ser representante de Orali, y hoy están en  lista de espera.

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El éxito de la política de la empresa llevó a desbordar su producción para hacer frente a una creciente demanda.  Fue así que el viaje a Paris para recibir el premio los llevó luego a Italia donde efectuaron la compra de una línea de máquina de pastas, con la que duplicarán la producción en tres meses.

– ¿Cómo surgió y se desarrolló la línea de pastas orgánicas?

-Fue después de una visita a Fundación Gaia en el 2001, el campo agroecológico ubicado en Navarro. Comencé a consumir sus productos y a preguntarme cómo podía contribuir con el movimiento orgánico. También conocí a la Fundación Camino Abierto con su huerta ecológica, donde el matrimonio de Susana y Hugo albergan a los chicos derivados por juzgados de menores. Comencé a concientizarme sobre la producción orgánica y quise desarrollarlo en mi empresa, en una búsqueda de crecimiento espiritual también.  Nos empezaba a ir bien, y eso debía crecer en todos los aspectos.

Me asesoré entonces con certificadoras para obtener las materias primas que hicieron posible la línea de pastas orgánicas certificadas que hoy exportamos. Hicimos una incursión en el mercado interno, que por ahora está suspendido hasta lograr desarrollar un sabor más acorde al gusto argentino.

Dentro del sector orgánico brindé mi colaboración a la Cámara Argentina de Productos Orgánicos Certificados (CAPOC), donde fui elegido presidente por el aporte que traía de mi actividad industrial, donde colaboré como presidente de la Unión Industrial de Tres de Febrero desde el 1995 al 2002.

Trabajé para el Sector Orgánico Argentino junto a MAPO para la elaboración del Plan Orgánico Argentino que planificábamos desarrollar a cinco y diez años, y que ahora volvemos a plantear con una firme intensión de reimpulsar su concreción.

El don de gente y el ser agradecido fueron valores que también heredó de su padre y tuvieron continuidad en el proyecto familiar que Julio continuó. Así lo expresó al recibir el premio en París y que dedicó a su padre: “esa herencia, aplicada a la empresa se refiere a pagar bien en todo sentido, con una política de calidad que en los tiempos de mi papá, donde todavía no existían las normas, ni los manuales, era la “palabra”. La palabra significaba compromiso, y eso era una garantía.

Hoy  Oralí es una empresa innovadora que produce cuatro millones de productos al mes, entre pastas frescas y tapas de empanadas, con su propia marca. Ocupa el liderazgo de las empresas nacionales en su rubro, empleando a más de 150 personas y se apresta a inaugurar una nueva fábrica que, con una inversión de 4 millones de pesos, sumará 2000 m² más de superficie de planta. Aunque en una primera etapa incorporará 50 empleados, el plan de desarrollo 2009-2011 proyecta invertir otros 4 millones de pesos e incorporar un total de 150 trabajadores.